Una ofensiva aérea con misiles y drones golpeó la capital ucraniana, dejando al menos 18 muertos, entre ellos cuatro niños. Las sedes de la Unión Europea y del British Council resultaron gravemente afectadas
Kiev vivió una de sus noches más devastadoras desde el inicio de la invasión rusa. Durante la madrugada del 28 de agosto, una oleada de misiles y drones impactó en distintos puntos de la capital ucraniana, causando la muerte de al menos 18 personas, incluidos cuatro menores, y dejando decenas de heridos.
Entre los edificios alcanzados se encuentran la sede de la Unión Europea y las oficinas del British Council, símbolos de la presencia cultural y diplomática occidental en Ucrania. Las imágenes difundidas muestran fachadas destruidas, incendios y equipos de rescate trabajando entre los escombros.
En respuesta, el Reino Unido y la Unión Europea convocaron de inmediato a los diplomáticos rusos en Bruselas y Londres. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, anunció que se destinarán recursos provenientes de activos rusos congelados para apoyar la reconstrucción en Kiev, además de nuevas sanciones contra Moscú.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, condenó el ataque como “un acto de terrorismo a gran escala” y pidió un refuerzo urgente de la defensa aérea por parte de sus aliados. Mientras tanto, la comunidad internacional expresó su repudio, aunque desde el Kremlin no hubo un pronunciamiento inmediato.
Este ataque ocurre en un contexto de escalada militar en varias regiones del país, lo que incrementa la presión sobre Occidente para endurecer aún más las medidas contra Rusia y acelerar el envío de apoyo militar a Ucrania.