A Fondo

Gasto energético para traer a Tijuana agua del Río Colorado obliga a un uso inteligente

Las grandes cantidades de energía que se emplean para traer agua por el Acueducto Mexicali-Tijuana, incluido el bombeo a mil metros de altura en La Rumorosa, no sólo obligan a ser más inteligentes en la gestión del agua, sino a realizar un consumo consciente y con visión de largo plazo


Urge detener fugas, más reuso y hacer la cuenta completa, para un manejo y gestión eficientes. Urge detener fugas, más reuso y hacer la cuenta completa, para un manejo y gestión eficientes.

20 de enero de 2026

POR: Hiptex

TIJUANA.- Las grandes cantidades de energía que se emplean para traer agua por el Acueducto Mexicali-Tijuana, incluido el bombeo a mil metros de altura en La Rumorosa, no sólo obligan a ser más inteligentes en la gestión del agua, sino a realizar un consumo consciente y con visión de largo plazo.

Así lo remarcó el ingeniero José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental México (CIGAMX), quien enfatizó que se requiere con urgencia una visión integral para que la ciudadanía haga la cuenta completa de lo que implica traer el agua a la ciudad y pueda así cuidar más este recurso natural.

“Hay que tener una visión completa y de sustentabilidad para un manejo y gestión inteligentes del agua, más cuando se importa de una cuenca a otra, como es el caso del agua traída del Río Colorado a la cuenca del Río Tijuana, esto debería servir para usarla con mayor respeto, conciencia y de manera más inteligente”, opinó.

Añadió que, por las cantidades de energía invertidas para mover el agua, deberían ser prioridad el reuso y detener las fugas, más aún cuando el agua ya ha empezado a representar momentos de tensión entre comunidades, estados o países, por lo que hoy más que nunca se debe tener un manejo y gestión estratégica del recurso. 

“No hay que olvidar que México le debe agua a Estados Unidos en el Río Bravo y Estados Unidos debe agua a México en el Río Colorado, por hablar de fronteras internacionales, pero sin duda, en ocasiones hasta de unas ciudades a otras o entre estados dentro de México, tenemos un tema del agua que nos preocupa”, recordó.

Opinó que un caso que debe atenderse en Baja California es la necesidad de proteger la agricultura del valle de San Quintín, pero también al bosque y al agua del Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, ya que la sierra es la principal fuente de recarga de agua dulce del acuífero de San Quintín, pero ha habido sobreexplotación.

“El acuífero del Valle de San Quintín se abastece de la sierra de San Pedro, pero como la extracción de agua en el valle supera por mucho la recarga natural proveniente de la sierra, ha habido una intrusión salina, es decir, que el agua del mar está entrando a los acuíferos de agua dulce y ahora se tiene que desalar”, dijo.

El ingeniero bioquímico explicó que la ósmosis inversa desala agua aplicando presión al agua salada para forzarla a través de una membrana semipermeable, que bloquea las sales, minerales, bacterias y otras impurezas, para dejar pasar solo el agua pura, lo que resulta en agua dulce y en una corriente concentrada de salmuera. 

“Ahora los pozos son salobres y hay ósmosis inversa en casi toda la agricultura; hay más de 80 o 90 plantas de ósmosis inversa para la agricultura de San Quintín, entonces esa relación es importante: cómo se protege la agricultura del valle y cómo se vincula para proteger también el bosque y el agua de San Pedro Mártir”, insistió.

El 14 de enero, al exponer en la sesión 142 del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, el doctor Víctor Ávila Akerberg, director general del Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología (COMECyT), dijo que la Zona Metropolitana de la Ciudad de México hoy cubre su demanda hídrica con un alto costo energético.

Señaló que hoy esta zona demanda una cifra redondeada de entre 60 a 70 metros cúbicos por segundo, de los cuales el 65 o 70% se satisface principalmente del acuífero, pero para abastecer el 30% restante se utiliza un sistema de bombeo que emplea gran cantidad de energía, equivalente a la que usa toda la ciudad de Puebla. 

Afirmó que hace algunos años, algunas autoridades, pensando en ser previsores, pero con un esquema que privilegiaba no hacerse cargo del problema directamente, privilegiaron tener el sistema llamado Lerma-Cutzamala, un sistema que conecta diferentes presas y realiza un largo recorrido hasta cruzar el Bosque de Agua.

“Conecta diferentes presas, que inician desde Michoacán, en la presa Tuxpan, pasan por la presa El Bosque, van por Valle de Bravo, llegan a Villa Victoria, allá en la zona norte de Toluca, cruzan la zona de Lerma y se integra con otra fuente de abastecimiento de agua de Lerma y allí tiene que cruzar el Bosque de Agua”, detalló.

Dijo que esos flujos demandan mucha energía, porque el agua tiene que traerse desde una altitud de mil 800 metros sobre el nivel del mar, por varios kilómetros, y cruzar el Bosque de Agua a una altitud de 2 mil 800 metros, así que debe sortear un kilómetro de diferencia de altitud, lo cual requiere muchísima energía eléctrica.

“En La Rumorosa, el Acueducto Mexicali-Tijuana bombea el agua a mil metros de altura, semejante al Cutzamala, pero el Cutzamala cuatro veces más en volumen de agua; son cantidades de energía bestiales las que utilizamos para mover el agua de una cuenca a otra”, dijo a este respecto José Carmelo Zavala, director del CIGAMX. 

Ávila Akerberg apuntó que lo absurdo es que en el valle de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México llueve 3 veces más agua de la que demanda su población, 214 metros cúbicos por segundo, solo que se ha priorizado traerla de otros lados, en vez de promover el manejo del agua que se tiene, la captación, la infiltración y el reuso.

Al exponer el tema “El (Gran) Bosque de Agua como un corredor hídrico y biocultural de prioridad nacional”, dijo que esta zona es un polígono formado por la Ciudad de México, el Estado de México y Morelos, que garantiza la provisión de agua a más de 25 millones de personas, pero también el equilibrio climático para el centro del país.

Aclaró que este polígono no es sólo un sistema ecológico que permite la captación, infiltración y provisión de agua, sino un corredor biocultural único, que resguarda entre 10 y 15% de la biodiversidad nacional, con más de 3 mil especies de plantas, casi 300 tipos de hongos y diferentes aves, mamíferos, reptiles, peces y anfibios. 

Víctor Ávila precisó que mientras las lluvias en los valles de la Ciudad de México o Toluca representan precipitaciones promedio anuales de 700 u 800 litros por metro cuadrado, en el Bosque de Agua, dada su alta cobertura vegetal, hay precipitaciones de hasta mil 500 litros por metro cuadrado o mil 500 milímetros al año. 

“¿Qué es lo que pasa cuando llueve en la Ciudad de México y en otras ciudades en el país? Cuando nos hemos enfocado en llenarlas de asfalto, de cemento y generado muchas islas de calor, hay momentos en donde, cuando se da esta precipitación, hasta un 80 o 90% de lo que llueve regresa a la atmósfera a través de evaporación o evapotranspiración”, explicó.  

Agregó que esa agua retenida en la superficie muchas veces se termina mezclando con las aguas grises y negras del drenaje, por lo que el agua de lluvia que baja con cierta calidad, muchas veces se termina ensuciando, mientras que en un paisaje como el Bosque de Agua, entre 40 y 50% de lo que llueve se infiltra o puede escurrir.

Detalló que esa agua va a tener dos destinos: o escurrir debido a la geología y tener la formación de cauces, de ríos o arroyos, o infiltrarse, por lo que podría emanar en algún manantial o en los valles recargar los mantos acuíferos que hoy todavía cubren la mayor parte de la demanda hídrica en la Zona Metropolitana de la capital. 

Al participar en la sesión del Seminario, la ingeniera Jessica Castañeda Castillo, asesora técnica del CIGAMX, apuntó que en México los bosques cubren cerca del 25% del territorio, aportando grandes beneficios ambientales, ya que desempeñan un papel esencial en la regulación hidrológica, al ser los reguladores de los climas.

“Debemos pensar el agua no solo como un recurso físico, sino como un proceso ecológico y cultural que está profundamente ligado a los bosques, las cuencas naturales, las comunidades que dependen de ellos, dado que a nivel nacional la relación entre bosques y agua es uno de los pilares de la sustentabilidad”, sostuvo. 

El maestro Luis Gerardo Domínguez, subdirector del CIGAMX, afirmó que hablar de corredores hídricos implica pensar en cómo los ecosistemas forestales y sus paisajes funcionan como una infraestructura natural, capaz de sostener procesos fundamentales para la vida y la resiliencia ante problemas como el cambio climático.

“En muchas regiones del país, la provisión de agua no depende sólo de sistemas de tuberías, presas o acueductos, sino de la función ecológica de bosques y cuencas montañosas, que funcionan como esponjas que captan lluvia, filtran, almacenan y liberan agua a través del tiempo, reduciendo riesgos de sequía e inundaciones”, dijo.

Así, continuó, asegurar corredores como el Gran Bosque de Agua significa proteger no sólo superficies boscosas, sino también la infraestructura natural que sostiene la oferta de agua para millones de ciudadanos y garantizar que las comunidades que habitan estos territorios puedan ejercer formas de manejo sustentable y biocultural.


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