A Fondo
Debe prevenirse que “El Niño” tenga consecuencias fatales en BC: CIGA
Necesario mantener libre de residuos canalización del Río Tijuana, el riesgo surge de interacción entre exposición, vulnerabilidad y capacidades; se pronostican 56 frentes fríos, 32 de ellos entre noviembre y febrero
No existen desastres naturales; la vulnerabilidad no la produce la naturaleza.
TIJUANA.- La historia demuestra que no existen desastres naturales, sino que ello resulta al combinar una amenaza natural con la acción humana, con una toma de decisiones equivocada, sea por corrupción o negligencia, que llevó a construir viviendas, edificios, carreteras o puentes en zonas de inundación o sísmicas.
Así lo recalcó el ingeniero José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), en el marco de la sesión 177 del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, que tuvo como tema “El Niño y la construcción social del riesgo: desafíos para el desarrollo sustentable”.
“Les decimos desastres naturales, entre comillas, porque algunos nos dicen que antes de llamarle natural hay que ver dónde se construyó ese edificio o esas viviendas, dónde se instaló esa carretera, ver si era en una zona de inundación o en una zona sísmica, parece que la vulnerabilidad no está explícita en el sitio, sino que nosotros agregamos esas variables”, opinó.
Hoy, agregó Zavala Álvarez, que está cerca el fenómeno El Niño, sobre el que desde distintas voces, nos han advertido nuestros científicos o académicos, acerca de los riesgos y sobre las posibilidades, debemos prestar atención, tomar medidas preventivas, considerando las particularidades de cada territorio y los cauces naturales que sigue el agua en época de lluvia.
El empresario y ambientalista, egresado del Programa LEAD de Estudios Avanzados en Desarrollo Sustentable y Medio Ambiente, con sede en el Colegio de México, destacó la urgencia de tomar medidas preventivas en los municipios de Baja California, particularmente la limpieza de basura y de objetos de gran tamaño que tapan tuberías y dañan la infraestructura.
“La acumulación de basura en cauces, desarenadores y sistemas de desagüe es uno de los principales riesgos para Tijuana, de cara a las lluvias asociadas a El Niño, por lo que es necesario intensificar las jornadas de limpieza para reducir la posibilidad de inundaciones y mantener libre de residuos la Canalización del Río Tijuana”, expresó.
Recordó que entre los residuos de gran tamaño, como colchones, llantas, muebles y maderas pueden bloquear el paso del agua, tapar tuberías y provocar daños en la infraestructura, lo que puede convertir una amenaza natural en una verdadera catástrofe con pérdidas no solo materiales, sino humanas.
Al moderar el Seminario, la ingeniera Jessica Castañeda Castillo, asesora técnica del CIGA, explicó que al hablar de riesgo, es importante entender que no se trata sólo de la amenaza natural, sino de cómo estamos nosotros, las condiciones de vulnerabilidad que tiene la ciudad o el estado, cómo está la infraestructura, eso va a modificar el nivel de riesgo en que estamos.
“El riesgo surge de la interacción entre las amenazas de exposición, la vulnerabilidad y las capacidades que tenemos como sociedad para enfrentar estos escenarios”, precisó.
La Organización de Meteorología Mundial, agregó, estima una probabilidad cercana al 100% de que El Niño persista hasta febrero de 2027 y prevé que existe una intensidad muy fuerte hasta finales del 2026, entonces yo creo que hay que tomarnos las cosas con seriedad y revisar la vulnerabilidad en la que estamos todos en el territorio.
Por su parte, el maestro Luis Gerardo Domínguez, subdirector del CIGA, apuntó que desde una perspectiva de las políticas públicas, los riesgos no solamente se enfrentan cuando ocurre una emergencia, también se construyen, se acumulan y pueden reducirse antes de que ocurra un desastre, lo cual resulta relevante al analizar fenómenos climáticos como El Niño.
“En México el fenómeno ya está teniendo implicaciones para la planeación meteorológica, ejemplo de ello es el es el que nos da el Servicio Meteorológico Nacional, ya que pronostica 56 frentes fríos durante la temporada 2026-2027, frente a un promedio de 50 y estima que alrededor de 32 ocurrirán entre noviembre y febrero, coincidiendo en el periodo en el que El Niño alcanzaría su mayor intensidad”, detalló.
Agregó que otro dato de la Organización Panamericana de la Salud reporta que México acumuló entre enero y agosto del 2026 un déficit de precipitación de 45.1 milímetros, equivalente a 9.6 por debajo del promedio entre los años de 1991 y 2020.
“Debemos preguntarnos qué tan vulnerable es nuestro territorio frente a sus posibles efectos, y esa es precisamente la conexión entre fenómeno climático, construcción social del riesgo y políticas públicas”, opinó.
Como expositora del Seminario, la doctora Judith Ley García, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California, remarcó que los desastres no son naturales, porque "la vulnerabilidad no la produce la naturaleza", sino que los desastres son socialmente manufacturados.
Aclaró que conocer el comportamiento del fenómeno no dice directamente si va a haber un desastre o qué o dónde van a ser graves las consecuencias y dónde no.
“Para entenderlo, necesitamos mirar las condiciones que guarda el territorio, identificar quiénes y qué están en riesgo, quiénes y qué están expuestos, qué tan vulnerables son y qué capacidades existen para enfrentar estos eventos extremos asociados a El Niño, este enfoque se conoce como construcción social del riesgo”, precisó.
El riesgo de desastre, aclaró, se produce a la par del desarrollo de los asentamientos humanos, no emerge súbitamente, es a través de procesos sociales, económicos y territoriales que van generando condiciones diferenciadas de exposición a los peligros de vulnerabilidad y de capacidad de respuesta.
Enfatizó que los desastres están relacionados con la forma en que las sociedades ocupan, transforman y organizan los territorios que habitan, de modo que el peligro o amenaza puede ser natural, pero las condiciones que hacen posible que ese peligro se convierta en desastre son en buena medida social, por eso se habla de la construcción social del riesgo.
“No construimos El Niño, pero sí construimos o modificamos las condiciones que hacen que sus efectos sean menos o más graves en el territorio”, recalcó.
Desde la óptica del desarrollo sustentable, comentó, la gestión integral del riesgo consiste en mitigar los riesgos presentes, pero también considerar las condiciones inseguras que les estamos heredando a las nuevas generaciones.
“En lo que sería Tijuana, esa zona metropolitana, el ingreso de estos sistemas de tormentas intensas y de corta duración, se combinan con una topografía accidentada, una topografía muy particular, de tal manera que las lluvias copiosas provocan rápidamente deslaves, inundaciones de las zonas bajas y, por supuesto, colapsos viales y de la infraestructura”, dijo.
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