El Juego
Se despide Lionel Messi de su selección nacional; deja legado imborrable para Argentina
A los 39 años, dos décadas después de debutar en el mayor escenario del fútbol, Messi se retira tras haber reparado hace tiempo una complicada relación con su país
Messi se despide de la selección nacional como un hombre que desempeñó un papel decisivo en la historia del fútbol argentino.
ESTADOS UNIDOS.- Lionel Messi puso este lunes fin a su extraordinaria carrera internacional al anunciar su retiro de la selección, poco después de llevar a Argentina a un paso de conquistar su segundo título consecutivo en la Copa del Mundo.
A los 39 años, dos décadas después de debutar en el mayor escenario del fútbol, Messi se retira tras haber reparado hace tiempo una complicada relación con su país, que en un momento amenazó con marcar el rumbo de su carrera.
El ocho veces ganador del Balón de Oro –récord histórico– se marcha como campeón del mundo y dos veces campeón de la Copa América, el hombre que salió de la inmensa sombra de Diego Maradona para forjar un legado totalmente propio.
La derrota ante España en la final del Mundial de este año le negó a Messi la despedida perfecta y la oportunidad de proclamarse campeón del mundo por segunda vez. Pero tras una carrera que transformó al Barcelona, a Argentina y al propio fútbol moderno, ya le quedaba muy poco por demostrar.
Cuatro años antes, en Qatar, levantó el trofeo que había perseguido a lo largo de toda su carrera, marcando siete goles en el torneo y dos en la final contra Francia, antes de que Argentina se impusiera en la tanda de penales.
Fue el momento culminante de una carrera extraordinaria y también el final de una de las historias de perseverancia más conmovedoras del fútbol.
A pesar de todo su éxito en el Barcelona, donde su brillantez le valió todos los grandes honores individuales y colectivos posibles, la relación de Messi con la camiseta de Argentina se definió durante años tanto por lo que no había ganado como por lo que había conseguido.
Llegó a la final del Mundial de 2014 en Brasil, pero Argentina cayó ante Alemania en la prórroga. Posteriormente, las sucesivas derrotas en las finales de la Copa América de 2015 y 2016 reforzaron la sensación de que la gloria internacional podría escapársele.
Tras la segunda de esas derrotas, contra Chile en los penales, un Messi devastado se alejó momentáneamente.
“Se acabó la Selección para mí”, dijo. Pero no fue así.
El ídolo regresó y, poco a poco, la historia cambió.
Bajo la dirección de Lionel Scaloni, Argentina construyó un equipo en torno a su capitán sin llegar a depender totalmente de él, rodeando a su veterano número 10 con la energía, la agresividad y el compromiso colectivo que permitieron que su genio floreciera.
El gran avance se produjo en la Copa América de 2021, cuando Argentina venció a Brasil en el estadio Maracaná para darle a Messi su primer gran título internacional con la selección mayor.
El Mundial llegó 18 meses después. Messi estuvo magnífico en Qatar, marcando goles, dando asistencias y protagonizando momentos de inspiración mientras Argentina se recuperaba de una sorprendente derrota inicial ante Arabia Saudita para llegar a la final.
Marcó dos goles contra Francia antes de transformar su penal en la tanda, alzando por fin el trofeo que se había convertido en la pieza que le faltaba para situarse al mismo nivel, o por encima, de los mejores jugadores de este deporte.
Para Argentina, el triunfo también supuso la culminación de la transformación de Messi. Un adolescente tímido que cambió el fútbol moderno.
El tímido adolescente que se había marchado de Rosario a Barcelona a los 13 años, y al que en su país a veces se describía como más catalán que argentino, se había convertido en el líder indiscutible de la selección nacional.
Las lágrimas y la frustración de los fracasos anteriores dieron paso a canciones, murales y celebraciones. Las comparaciones con Maradona no desaparecieron, pero ya no tenían un tono acusatorio.
Messi se había convertido en el Messi de Argentina. Podría haberse detenido ahí.
En cambio, siguió jugando: pasó del París Saint-Germain al Inter de Miami y ayudó a Argentina a revalidar la Copa América en 2024 antes de un último intento en el Mundial.
En 2026, la aceleración explosiva que en su momento había dejado indefensos a los defensores rivales se había desvanecido, pero Messi se adaptó.
Caminaba más, esperaba más y elegía sus momentos, conservando su energía mientras piernas más jóvenes se movían a su alrededor. Sin embargo, las cualidades esenciales permanecieron: la visión de juego, la precisión en el pase y la capacidad de cambiar el rumbo de un partido con un solo toque.
Argentina, por su parte, había cambiado con él. La selección argentina, un equipo forjado en la batalla.
El equipo que llegó a la final del 19 de julio ya no era simplemente un conjunto de jugadores que buscaba en Messi la salvación. Era una selección experimentada y curtida en mil batallas, acostumbrada a ganar y forjada por años de juego junto a su capitán.
Esa evolución permitió a Messi prolongar su carrera internacional mucho más allá de lo que en su momento parecía posible y retirarse en sus propios términos.
Sus números lo sitúan entre los grandes del fútbol internacional, pero las estadísticas por sí solas no contaban la historia de su trayectoria, desde las expectativas hasta el rechazo y de ahí, de la desilusión, a la adoración.
Durante años, cada derrota se presentó como una prueba de lo que lo separaba de Maradona. Al final, ese argumento había perdido casi toda su relevancia.
Uno llevó a Argentina al Mundial de 1986. El otro, tras años de intentos, lo hizo en 2022 y regresó cuatro años más tarde para llevar a su país a un paso de otro título.
Messi se despide de la selección nacional como un hombre que desempeñó un papel decisivo en la historia del fútbol argentino.
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